De la Augusta Emerita romana al Madrid de hoy, 42,195 metros divididos en dos Fines de semanas
1. Mérida - Cuando el calor y la historia pesan igual
Si hay una media que se ha ganado su sitio en el mapa nacional, esa es Mérida. Este año encima era Campeonato de España. Los mejores del país vinieron a buscar la medalla y el título. El circuito se viste de gala y el ambiente se nota desde el primer paso.A mí Mérida y yo tenemos historia. Llevo 10-12 veces corriendo aquí. Guardo con cariño el 2014: 3º de la general en 1:12, solo por detrás de Bruno Paixao y Juan Francisco Cano. Aquello fue otro yo. Esta vez volvía por segundo año seguido al horario de sábado por la tarde. Y sigo sin llevarme bien con él. Con los sábados trabajando y levantándome pronto, a esa hora mi biorritmo ya va en reserva. Sumas calor + circuito rompepiernas y tienes un cóctel que no perdona. Mérida no es llana: sube, baja, y es justo en las bajadas donde la rodilla me recuerda la distensión que venía arrastrando desde Barcelona.Venía de Amsterdam y de los calambres, pero ya entrenando con normalidad, sin volverme loco. Con el nivelazo que había este año, las expectativas se quedaron en el cajón. Objetivo único: disfrutar con José Peguero y saludar a toda la familia runner que siempre aparece por aquí.Salí a 4:00 clavado. Piernas cómodas, rodilla vigilada, cabeza tranquila. El miedo real era la parte técnica del circuito. Cada bajada era una negociación con el cuádriceps. Pero el público de Mérida te empuja. Calles llenas, gritos, gente conocida que se extrañaba de verme tan atrás. “¿Pero tú no eras el de 1:12?” Pues ya no, amigo. Hoy toca otro ritmo.Fui cuadrando hasta clavar el 4:00 de media. 1:24 al cruzar. Crono discreto, sí. Pero salí entero, sonriendo y con la sensación de haberle sacado jugo a la carrera sin que la rodilla se quejara. Mérida cumplió: dureza, ambiente y postales romanas para cerrar la tarde.
2. Madrid - La capital cierra la persiana
Tres semanas después, otra capital. Otra media. Otro Fin de semana con José Peguero de copiloto. Madrid ya es tradición en el calendario: dos días de ciudad, de tapeo, de buen ambiente y de una de las medias más bonitas de España. Llegaba igual, con entrenos discretos, pero con una diferencia clave: llevaba tiempo sin molestias. Rodilla, tobillo e isquios me estaban dejando apretar algún día. Eso te cambia la cabeza. En Mérida iba a sobrevivir; en Madrid me atreví a soñar con bajar de 4:00 sin obsesionarme.El recorrido de Madrid no regala nada. Hay que ser cauto al inicio, soltar piernas, y guardar para cuando la ciudad se pone guapa. Pasas por los sitios emblemáticos, dejas que el público te lleve, y cuando ves Paseo de Recoletos sabes que toca sufrir bonito. Desde ahí hasta Cibeles es donde se decide todo.Así lo hice. Tramo inicial contenido, mitad de carrera encontrándome, y último tirón fuerte buscando Cibeles. Las piernas respondieron. 1:22 al cruzar. Mejor que Mérida, mejor que las sensaciones de semanas atrás. Nada épico, pero suficiente para decir: “temporada cerrada con buenas vibraciones”.
Epílogo
Mérida me recordó de dónde vengo: cuestas, calor, historia y público que no falla. Madrid me dijo a dónde voy: piernas recuperadas, cabeza en su sitio y ganas de volver a construir.Entre las dos capitales me llevo 2:46 de maratón, cero dramas físicos graves y el bonus de dos viajes con José. Ahora toca lo que toca siempre después de cerrar: regenerar. Tobillo, rodilla, isquios, cabeza… todo a mantenimiento. Que los años pasan factura, pero si cuidas la máquina, la máquina te deja seguir jugando.Temporada 25/26 firmada. La 26/27 ya espera, con más fuerza si se puede.
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